lunes 6 de septiembre de 2010

Mudanza


Tras haber abandonado esta bitácora por falta de tiempo para atenderla como es debido, se me hace un poco cuesta arriba el volver a ella ahora, cerca de dos años después. Así que he decidido empezar de nuevo en Magnum Innominandum; allá sigo por dónde me quedé aquí, poco más o menos: hablando de política y homosexualidad. Un saludo a quienes todavía, por casualidad, imagino, siguen arribando a esta página, y queden invitados a visitar la nueva.

domingo 2 de noviembre de 2008

La chorbi del Juanca

Al igual que usted o que yo, amable lector, doña Sofía de Grecia es muy libre en sus opiniones en torno a lo humano y lo divino. Ahora bien, como con acierto señala Fernández Campo, antes de pronunciarse en público acerca de la legislación vigente, debería pensárselo un poquito siquiera. Por mucho que, según Pilar Urbano, la Leti la haya arrimado a la calle (seguro que las entrevistas se las ha hecho en la cola del Mercadona), esta señora no deja de ser la consorte del Jefe del Estado, lo es veinticuatro horas al día y trescientos sesenta y cinco días al año, y como tal debe observar un respeto exquisito por las decisiones de los poderes ejecutivo, legislativo o judicial. Si las Cortes han votado que se denominará matrimonio a la unión entre personas del mismo sexo, a quien corresponde dictaminar sobre esta cuestión es al Tribunal Constitucional, y no a la Jefatura del Estado ni a sus aledaños.


Claro que doña Sofía no ha definido la postura oficial de la institución en sus charlitas de café con la Urbano, sino la suya personal, muy respetable, sin duda. Pero, repito, se trata de la consorte del jefe del Estado en el ejercicio de su cargo, de modo que cualesquiera opiniones personales adquieren una trascendencia que habría de tornarla más prudente.

El fondo de la cuestión me es indiferente; sin embargo, aprovecho haber traído a colación el matrimonio homosexual para manifestarme yo mismo a este respecto. Afirma doña Sofía que si las parejas de homosexuales "quieren vivir juntas, vestirse de novios, casarse, pueden estar en su derecho, o no según las leyes de su país; pero que a eso no lo llamen matrimonio, porque no lo es"; y yo estoy casi por entero de acuerdo con ella.

Disiento de que las personas tengan derecho o no, según la legalidad de su país, a convivir con quien y como prefieran, o a vestirse de lo que les dé la gana. Eso, a mi entender, cae dentro de la legítima libertad del individuo, y un Estado que se meta a legislar sobre tales cuestiones no hace sino invadir la vida privada con los grilletes en la mano y el cuchillo entre los dientes.

Que tengan derecho a casarse con quien quieran ya es más discutible. Para comenzar, habría que definir con exactitud qué entendemos por matrimonio. Si se considera en exclusiva como la unión del hombre y la mujer, es evidente que no hay lugar a variaciones; y así ha sido en Occidente a lo largo de miles de años de historia. No obstante, ¿de qué género de unión entre el hombre y la mujer se trata? ¿De la misma unión que se requiere para abrir una charcutería o un taller de mecánica del automóvil? Claro está que debe de reunir características especiales y propias. Pero ¿cuáles son éstas?

Preguntado yo, diría que el objeto primordial del matrimonio es el de brindar cobertura jurídica a la común descendencia. Y eso no guarda mucha relación con la unión entre homosexuales. Podría argüirse que hay matrimonios sin descendencia, y eso no los vuelve nulos; ¿cuál es el rasgo que define a éstos, pues? ¿La voluntad, siquiera, de formar una familia? Pero ¿acaso tal voluntad es un requisito para casarse? ¿Hay que depositar alguna fianza para garantizar que se materialice en el porvenir? Quizá no exista de principio, o se vea frustrada de antemano por causas fisiológicas. ¿La comunidad de bienes? Igual de legítimo es el matrimonio en régimen de separación de bienes. ¿La cohabitación? ¿Y si no la hay? Sea como sea, toda esta argumentación no deja de ser un tanto sofística, por alegar excepciones cada vez más insólitas para refutar el principio general. Si nunca antes se había suscitado el debate acerca de la naturaleza del matrimonio, es porque cabían pocas dudas sobre el particular. Y hoy mismo, al oír la palabra matrimonio, cada uno sabe qué le viene a la mente.

Se alega que el matrimonio discrimina a las llamadas parejas de hecho en cuanto a sucesión y a percepción de pensiones de viudedad; y esto pretenden arreglarlo con la extensión del matrimonio a toda pareja que lo desee. A mí, personalmente, no se me hubiese ocurrido abordar el problema de ese modo; antes bien, exijo la libertad de legar la totalidad de mis bienes a quien me parezca oportuno, pues las limitaciones prescritas por la ley son cortapisas al derecho de propiedad; y reclamo la derogación del sistema público de pensiones, y que, en lugar de confiscarme por mi pretenso bien, se me permita destinar mi dinero a cuanto me plazca; por ejemplo, a un seguro privado donde yo, y no el Estado, elija a los beneficiarios.


Con todo y con eso, si hay quienes, sin poder contraer matrimonio, desean poner su relación sentimental un poco al abrigo de la legalidad, facilíteseles una solución. Mas me cuento entre quienes se oponen a que se la apellide matrimonio, puesto que sienta un peligroso precedente de que el Estado llame, a lo negro, blanco; a lo blanco, negro; y, a lo que sea, como se le antoje. He ahí uno de los más socorridos expedientes del poder totalitario; como sentenció otra reina, la de Corazones de Disney: "Las palabras significan lo que yo digo que significan."

jueves 30 de octubre de 2008

Silencio, se mangonea

Empresarios de la calaña de Fernando Martín, Díaz Ferrán o Chicote me llevarían a perder toda confianza en el libre mercado si la izquierda no me hubiese hecho perder la fe en la planificación de la economía hace ya tiempo. Sostenía Adam Smith, puede que con razón, que esta clase de gentes es la menos liberal de todas, siempre dada a trapicheos y contubernios contra la libre competencia. ¿Qué decir entonces de los banqueros? ¿Y de los socialistas? ¿Y de todos juntos y revueltos en obsceno maridaje? Ay, ay, ay.

Por si no teníamos suficiente con los escandalosos regalos del gobierno a los bancos, el secretario de estado de Economía, David Vegara, aspira a cubrirlos además con un velo de silencio. Embozados en el secreto, los gigantes de la banca se apoderarán del dinero de nuestros impuestos, no sabemos si para jugárselo en la ruleta de Las Vegas y repartirse los picos en forma de primas suculentas, como parece que han hecho con nuestros depósitos; y nosotros, los tontos de toda esta historia, de nada nos enteraremos, mientras el juzgado no nos notifique la subasta de nuestra casa.

Si es por mantener la opacidad y no dejar pistas, yo sugiero que el importe del rescate financiero se entregue a los bancos sin constancia documental ninguna, en maletines llenos de billetes pequeños de numeración no consecutiva que un parado se encarque de llevar al callejón o descampado que ellos elijan, y que, para mayor seguridad, se les autorice a deshacerse del portador del dinero, previo obsequio de unos zapatos de cemento, del cual hay superávit, igual que de parados, en el pantano más próximo.


Menos mal que la izquierda es la gran amiga de los pobres. Pregúntese a Felipe González, si no. ¿Puede alguien dudar todavía de que la apelación a los descamisados y demás es pura demagogia? La lógica de semejante proceder nos la descubre el inapreciable Hobbes, en la parte segunda de su ingente Leviathan, donde, al pasar revista a las objeciones posibles a la teoría del poder absoluto del rey que acaba de exponer, explica:
But they say again, that though the Principles are Right, yet Common people are not of capacity enough to be made to understand them. I should be glad, that the Rich, and Potent Subjects of a Kingdome, or those that are accounted the most Learned, were no lesse incapable than they. But all men know, that the obstructions to this kind of doctrine, proceed not so much from the difficulty of the matter, as from the interest of them that are to learn. Potent men, digest hardly any thing that setteth up a Power to bridle their affections; and Learned men, any thing that discovereth their errours, and thereby lesseneth their Authority: whereas the Common-peoples minds, unlesse they be tainted with dependance on the Potent, or scribbled over with the opinions of their Doctors, are like clean paper, fit to receive whatsoever by Publique authority shall be imprinted in them.
Donde viene a decirse:
Pero, vuelven a decir, aunque los principios sean correctos, a las gentes del común les falta capacidad bastante para comprenderlos. Ya quisiera yo que los súbditos ricos y poderosos de un reino, o aquellos que pasan por los más doctos, fuesen no menos incapaces que ellos. Porque de todos es sabido que los obstáculos a este género de doctrina proceden no tanto de la dificultad de la materia, como del interés de los que deben aprenderla. Los poderosos rara vez toleran la institución de poder alguno que refrene sus pasiones; ni los doctos, que se descubran sus errores, y por tanto se mengüe su autoridad; mientras que las mentes del común, a menos que estén viciadas por dependencia de los poderosos, o garabateadas con las opiniones de sus sabios, son como papel en blanco, listas para recibir lo que la autoridad pública imprima en ellas.
La cursiva aquí es mía.

jueves 23 de octubre de 2008

Usted no sabe con quién está hablando

Ni por asomo hubiese imaginado yo coincidir algún día de pasada en aspecto alguno con el actual ministro de Injusticia, el guerracivilista Bermejo, perdón, Rojo: en que la huelga, abierta o subrepticia, de sus señorías, obedece más al acendrado corporativismo de éstos que a otra cosa. El Bermejo dice tal a fin de escamotear su propia responsabilidad, junto con la de las administraciones autonómicas, tan pródigas en coches oficiales (¿o no, compañero Benach?) o en aparato propagandístico; y en extremo parcas a la hora de abrir nuevos juzgados de instrucción o de lo penal, tan necesarios, o de dotar a los existentes de letrados de oficio, fiscales, médicos forenses o intérpretes de lenguas.

En los más de cuatro años que llevo guardando relación con la Injusticia, no he visto crearse en esta provincia, una de las más litigiosas de España, azotada con particular inquina por la corrupción al por mayor y el crimen organizado, y refugio predilecto de asesinos y maleantes de toda laya, juzgados otros que los cinco de Violencia contra la Mujer. Y éstos últimos, aparte de su, cuanto menos, dudosa constitucionalidad, en virtud de la política efectista y chamánica del gobierno. Así hace ZP las cosas: ¿que pegan a las mujeres?; tranquilas, que todo se arregla con un juzgado ex profeso; ¿que padecen discriminaciones?; ministerio de Igualdad de la mano de Bibi al canto; ¿que los pisos están por las nubes?; pues tome ministerio de la Vivienda y zapatillas Kelyfinder. La incidencia de estos engendros en la seguridad de las mujeres, la igualdad de oportunidades o las estrecheces de los mileuristas es nula, cuando no negativa, pues se nutren del erario al cual contribuimos todos; pero ¿y lo bien que queda ZP a los ojos de los simples?


Con independencia de todo lo anterior, y de que exigir la dimisión de un tipo tan sectario, inepto y prepotente como el Bermejo sea poco menos que un imperativo de la razón, cabe preguntarse por qué se encabritan justo ahora los de las puñetas en la toga, con la de años que llevamos en lo mismo. Muy fácil, aun a Bermejo le es dado vislumbrarlo: porque hasta la fecha no les había tocado a ellos. Y ellos no pueden diluir su responsabilidad individual y directa, como pretenden el juez y la secretaria del caso Mariluz, en un cúmulo de circunstancias y bla bla bla, puesto que entonces ¿con qué autoridad condenarían a nadie? Además de la escasez de medios, a nadie se le escapa la desidia y el desprecio absoluto por el ciudadano que les paga el sueldo de gran parte de este gremio, pues como tal vemos que se conducen sus señorías, al que aún le falta aterrizar en la democracia y en el imperio de la ley, cuyo peso con tanta ligereza descargan sobre unos y otros.

Al lado de muchas y honrosas excepciones, entre los secretarios abundan precisamente los poco adeptos al trabajo, de continuo ausentes de las guardias que, supongo, cobran sin falta, y que, como las dos señoras cuya fotografía me brinda el diario El país, reniegan sin embarazo alguno de cometidos que la ley les asigna (organizar el trabajo de la oficina judicial o minutar las denuncias), y pretenden limitarse a echar firmitas. Desde luego, su labor se reduce en muchos casos a una cuestión de fe, nunca mejor dicho, habida cuenta de que suscriben actuaciones las cuales no les constan, por la sencilla razón de que no se hallaban presentes cuando tuvieron lugar, tal es su deber.

Tan sólo un ejemplo entre infinidad de ellos de cómo esta logia se sitúa a sí propia por encima del bien y del mal. La ley prohíbe de forma expresa la entrada de animales en los edificios públicos, con la única excepción de los ministros y de los perros lazarillos. Sabedor de esto, el presidente de la Audiencia Provincial de Málaga, don Francisco Javier Arroyo Fiestas, se presentó hace algún tiempo en el Palacio de Justicia de esa capital acompañado de su perro, cuya raza desconozco, pero de alzada considerable: hermoso y noble animal, sin duda, mas no por ello está exento su dueño, sea quien sea, de obedecer las leyes. Un vigilante, trabajador de una contrata privada, en cumplimiento de su obligación, le impidió el paso, a menos que el señor presidente alegase ceguera. Del incidente resultó el traslado inmediato del vigilante a otra sede judicial, cincuenta kilómetros distante, y, desde hace meses, ni por allí he vuelto a verlo. Se espera aún la protesta de algún juez o secretario.

martes 21 de octubre de 2008

Garzón vs. el mundo universo

Al igual que Nietzsche, Garzón cree haber nacido para partir en dos la Historia de la Humanidad; sin embargo, a diferencia del alemán, este zascandil carece del mínimo empaque intelectual o moral que pudiese justificar dicha pretensión. No es muy raro encontrarse con tal género de mesías de barraca de feria en la política (véase el actual presidente del gobierno, verbigracia); pero en la judicatura, la española al menos, es toda una novedad. Bastantes problemas tiene la justicia en nuestro país como para querer arreglar encima el mundo o la historia; empiece mejor por enderezarse a sí misma, que tardará.


Ahora bien, esta vez Garzón no se contenta con salirse de madre, como es su costumbre, sino que amenaza con desbordar la democracia y la convivencia nacional toda, si pudiera. A tal extremo conduce su insensato delirio de sentar en el banquillo al régimen anterior, desaparecido hace más de treinta años, con lo cual haría saltar por los aires la transición pacífica y la reconciliación nacional sobre las que descansa el régimen actual para sustituirlas por... ¿qué, Garzón? ¿El qué, ZP? Ah, sí; que éste último sí tiene cierta idea.

domingo 12 de octubre de 2008

¡Viva España!

viernes 10 de octubre de 2008

Y éste ¿quién se cree que es?


Gaspi se irá, o eso dice él; pero, señores totalitarios de toda laya, no se aflijan, porque aún nos queda Gallardón. Se atreve ahora el excelentísimo alcalde de villa y corte, flanqueado de la munícipe Botella de Aznar, a decidir qué oficios honrados son dignos y cuáles no, y a proscribir estos últimos. ¿Y ese tipo es el favorito para liderar en España la oposición al socialismo? Corea del Norte, espéranos, que en seguida te alcanzamos.